Jueves, 17 de Marzo de 2016

Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas 2016:

¿Tiempos de cambio o cambio de tiempo?
Una nueva oportunidad para debatir sobre las drogas



Enrique Castro Vargas
Consultor Internacional
Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana, CESC.


Del 19 al 21 de abril de 2016 se llevará a cabo la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas, lo que debería ser el evento más importante en materia de políticas públicas responsables del actual orden global. La denominada UNGASS 2016 (United Nations General Assembly Special Session), a realizarse en la ciudad de Nueva York, tiene la ardua tarea de revisar el enfoque para la comunidad internacional en materia de drogas.

En la historia de Naciones Unidas se han celebrado 29 sesiones de este tipo y dos de ellas se dedicaron al control de drogas (1990 y 1998). El año 2009, las Naciones Unidas aprueban un “Plan de Acción” y la “Declaración Política” y programa la tercera UNGASS para el 20191. Las décadas se convierten en periodos o tiempos de medición, tiempos de lo que parece ser un inacabable partido.

Las UNGASS anteriores han decantado en el fortalecimiento de la estructura organizativa de las Naciones Unidas en materia de sustancias fiscalizadas. La primera UNGASS Drogas (1990) impulsa una mejor aplicación de la Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico de estupefacientes y sustancias sicotrópicas (1988), que junto a la Convención Única de Estupefacientes (1961) y la Convención contra el tráfico de sustancias sicotrópicas (1971) forman el férreo triángulo, normativo global, en materia de drogas. Precedidos de un consejo consultivo, la primera UNGASS presenta una estructura organizativa, con sede en Viena, que vigila el cumplimiento de tratados, la aplicación de políticas, la investigación y las actividades operacionales, estableciendo el marco jurídico e institucional del control global de sustancias fiscalizadas.

No ha sido un escenario exento de diferencias, al contrario, la rigidez del formato encontró desde sus inicios complicaciones con propuestas en “cultivo alternativo”; “reducción de daños”; establecer “posibles modificaciones” a los tratados marco; los pedidos de reconocimiento y responsabilidad en la ampliación de mercados de parte de los Estados Unidos y Europa; un mayor control sobre los precursores - de la industria química del hemisferio norte – desviados para elaborar cocaína, metanfetaminas, éxtasis y, actualmente, novedosas drogas sintéticas; mayor control en el comercio de armas, lavado de activos, etc. Las críticas abordan las insuficiencias organizativas, la incoherencia en el sistema y la debilidad en la cooperación. Sin embargo, la UNGAS (1998), culmina con el lema: “Un mundo sin drogas. ¡Podemos hacerlo!”2.

El año 2009, el plan de acción infunde nueva vida a los tratados de fiscalización internacional de drogas y desde las Naciones Unidas se habla de una “contención” en el fenómeno de consumo asociado a un posible éxito de las políticas vigentes.

Las tensiones siempre presentes se agudizan cuando la norma (y la institucionalidad que la respalda) no puede sostener la realidad, política y social, desarrollándose un proceso de “deserción blanda”, con las iniciativas de diferentes Estados3, que deciden apartarse de la normatividad prohibitiva y aprovechan las flexibilidades, basadas en la interpretación dentro de un sistema de normas internacionales, en donde prima la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Desde América Latina aparecen fuertes voces por estudiar nuevos escenarios para políticas alternativas de drogas en el hemisferio. La experiencia de Bolivia y de Uruguay, sumada a las realidades en varios estados de los EEUU, señala una alta relativización de los Tratados. En la Asamblea General de la OEA, en Guatemala (2013) “se alienta el abordaje a nuevos enfoques basados en [el] conocimiento y la evidencia científica” y declara que “las políticas de drogas deben contener una perspectiva transversal en derechos humanos, consistente con las obligaciones de las partes de acuerdo al derecho internacional”. No es casual que sea un pedido de México, Colombia y Guatemala (2012) el hecho que gatilla adelantar la realización de la UNGASS.

La oportunidad 2016 tiene abiertos diferentes escenarios que pasan desde los más pesimistas hasta los más entusiastas. Desde aquellos que ven en la propuesta de borrador un respaldo al orden mundial y otros, que aseguran que la realidad ha superado la propuesta vigente y las modificaciones son inevitables. Un escenario que no pasa sólo por los Estados es que la información y el conocimiento como herramienta ciudadana, política y colectiva nos permite hacernos cargo de estos nuevos desafíos.

Última versión del borrador del documento final de la UNGASS (versión del 25 de febrero, 2016)

¿Quieres saber más sobre la UNGASS 2016?


  1. El 2019 era fecha límite establecida para lograr una reducción significativa o eliminar por completo oferta y demanda de drogas. Declaración Política y Plan de Acción. https://www.unodc.org/documents/hlr//Leaflets/HLR/13-87594_flyerA5_S_ebook.pdf
  2. (Martin Jelsma , 2015) “UNGASS 2016: perspectivas para la reforma de los tratados y la coherencia de todo el sistema de la ONU en materia de política de drogas” (Transnational Institute-TNI).
  3. (David Bewley- Taylor, 2012) “The contemporary international Drug Control System: A history of the UNGASS decade, en Goverming The Global Drug Wars, LSE Special Report SR 014, ed. John Collins y Nicholas Kitchen (Londres, IDEAS, London School of Economics and Political Science, 2012).
 

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